¿Cuál es la peor parte de envejecer?

Bienvenido de nuevo a tu Refugio Mental! En el post de hoy trataremos algo distinto, y es que quién no ha pensado en cómo será envejecer… es algo tan intrínseco a la naturaleza de la vida que lo damos por hecho sin pensar en como será hacerse cada vez más mayor. Y es que mientras la juventud, la adolescencia y la incertidumbre de los veintitantos, esa donde todos nos preguntan que vamos a hacer y no sabemos muy bien qué contestar, aunque ya “deberíamos de ser mayor” para saberlo, la pasamos sin mayores preocupaciones… ¿cómo será pasar la barrera de los 50? ¿Acercarse a los 60? ¿Cómo se siente tener 70 u 80 años? Aquí te traemos un testimonio muy interesante de David Lincoln Brooks, un estadounidense de 55 años que nos da una visión muy particular de su entrada en la tercera edad, adelante!

 

¿Cuál es la parte más difícil de envejecer?

Una de las cosas más curiosas de las que me he dado cuenta es que a medida que he ido envejeciendo (tengo 55 años), la gente está menos interesada en mí personal y socialmente hablando…. Es algo que algunos de los de mi edad han podido observar. Nos gustan rodearnos de juventud, personas bonitas, nos halagan con su presencia y dan a cada momento que pasamos con ellas una excitante sensación de rejuvenecimiento.

Pero lo más increíble de todo es que TODOS mis talentos y habilidades han mejorado dramáticamente desde que era joven. Ahora soy mejor en…. TODO lo que aprendí de joven: música, arte, escritura, actuación, comedia, habilidades interpersonales, etiqueta, inteligencia emocional. Ahora soy más amable y útil que a los 20 ó 30 años.

Sin embargo, suena contradictorio, pero cuanto más han mejorado mis habilidades y talentos, menos buscan mi consulta, menos me piden que me una a ellos socialmente, menos me piden mi opinión o buscan mi colaboración, menos trabajos me encargan…

Creo que nuestro atractivo juvenil crea un cierto “efecto halo“, en el que todos nuestros talentos y habilidades parecen ser igualmente atractivos… incluso cuando son más toscos de lo que el individuo podría ejercer en la mediana edad.

Lo que realmente tomo de esto, es que la gente, especialmente los estadounidenses, aman al aspirante, al que lo intenta, al aprendiz, al novato, al inexperto, al principiante, al subestimado, al desamparado… No nos gusta, o nos aburre, el maestro, el incuestionablemente capaz, el veterano.

Amadeus Mozart, en una de sus cartas a su padre, se quejaba de lo mismo. Cuando era un niño de 6 años de edad, se sentía cautivado por la realeza; como maestro, los aristócratas ignoraban su interpretación en sus suntuosas veladas.

Shirley Temple nos encantó (una actriz infantil de la década de 1930); Shirley Temple Black, no tanto (ya de mayor se metió en política).

Es por eso que nos encantan los programas de televisión como AMERICA’S GOT TALENT, FACTOR X, AMERICAN IDOL, etc… Estamos absolutamente enamorados de la persona que es verde e inexperta, pero ¡maldita sea! ¿Están alguna vez “intentándolo”? No nos importa la talentosa cantante de ópera que actúa con una habilidad impecable; no, queremos ver a una Susan Boyle… una desvalida… una “probadora”… que es improbable en su procedencia, (aparentemente) incierta de sí misma. Nuestro corazón está con ella. ¡Adelante!

Las personas que son verdaderos maestros competentes de su arte son un dolor en el culo para nosotros; por eso los sensacionalistas los destrozan. ¿Quiénes se creen que son? Todo el mundo sabe que la vida es una competición, y no queremos ver a nadie que ya haya ganado todas las canicas.

 

¿Qué se siente tener 90 años y saber que los planes de futuros están contados?

Otro gran testimonio fue el de Clara Cruz:

Le pregunté al abuelo de mi amigo, que tiene 93, como se siente en su vida. Y dijo que se siente fenomenal. El mismo se ha construido una vida que no mira al futuro y, por supuesto, que piensa que en algún momento tiene que morir pero aún tiene una gran motivación para vivir que es su esposa, que por ahora está en hospital.

El abuelo lleva una rutina increíble. Se levanta temprano para hacer sus ejercicios, meditar, desayunar y leer, comer su comida favorita, leer (lee 2 libros diferentes al día) y después visita o lo visitan amigos o familiares, a veces se va a jugar bingo.

Pero dentro de todo él dice: El día que se me muera mi mujer yo creo que yo me muero al poco tiempo.

La clave para una vida feliz es tener relaciones sanas.

Otro ejemplo son mis tíos: mi tío tenía 94 cuando murió, y recuerdo que siempre decía, “yo no me quiero morir porque no quiero que tu tía se quede sola, sufriría mucho.” Mi tía por otro lado dedicó su vida a cuidar y apoyar a mi tío. Ella fue la más feliz haciendo feliz a ese hombre y mi tío fue el más feliz haciendo feliz a su mujer.

Con todo eso yo concluí que, cuando llegas a viejo y miras quienes han estado junto ha ti toda tu vida, ellos se convierten en tu razón de vivir y también es un gran alivio saber que tuviste una razón de dar lo mejor de ti a los demás.

Estos dos hombres decidieron compartir amor, no sólo a sus esposas sino a sus hijos y a cualquiera que se les cruzaba en su camino. Esa fue su decisión y nadie les puede quitar (ni la misma muerte) el hecho de haber construido su vida en base a lo que ellos quisieron.

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